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Isidoro H. Duarte
18 Mayo 2009, 08:30 AM
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Hoy nos llegó la terrible noticia, murió Mario Benedetti. Cuánto dolor, cuánta rebelión contra esa absurda ley de la naturaleza nos inundó de forma implacable. Cómo se le ocurre que puede despojarnos a todos de alguien que nos escribió para todos, cuentos, novelas, poesías, y hasta se enserió con ensayos. Dicen y repiten, todos los informativos del mundo lo dicen y repiten, que murió, que murió el hombre que unía la calidad humana con la calidad literaria, y la calidad literaria con la ternura.
Puede ser que corramos el peligro, en medio de la emoción que nos embarga, de decir frases triviales y hasta cursis como aquel tango de Homero Manzi, sin embargo asumimos ese riesgo para decir con el corazón en la mano, que no creemos que Benedetti pueda morir, que un ser de su talla está fuera de esa contingencia, y ahora que dicen que ha muerto, seguimos creyendo y afirmando que Mario Benedetti no ha muerto porque sencillamente los inmortales no mueren. Y si hay algún desprevenido que no cree esto, vaya a cualquier librería, o biblioteca de casi todo el mundo, y busque cualquiera de los 80 libros escritos por él, y léalo y comprobará que efectivamente no ha muerto, porque no puede morir quien escribe para todos, para hombres y mujeres, especialmente para jóvenes, legiones de jóvenes que se renuevan en su lectura incesantemente en todo el mundo. A lo sumo, podemos admitir que Mario ha resuelto hacer una TREGUA.
Su vertical conducta de compromiso con la dignidad, con la libertad, con las causas populares, lo convirtió en un perseguido político, como miles de otros uruguayos, y estuvo saltando de un país a otro durante un tiempo, porque donde llegaba, también llegaba la mano de la represión y de las dictaduras internacionalizadas. Todos los riesgos los asumió con la misma sencillez y modestia que se expresaba en su literatura. Se comprometió, lucho y amó en grado de totalidad, que siguen presentes en cada uno de quienes tuvimos el privilegio de compartir algún momento de nuestras vidas, e igualmente en cada uno de los que han leído, leen y leerán algunas letras de sus libros, manteniendo vivo a nuestro inmortal Mario Benedet
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