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II: Éxitos y fracasos de las encuestas
Eleazar Díaz Rangel
11 Julio 2004, 01:35 PM
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Eleazar Díaz Rangel
En Venezuela no existe un inventario de las empresas o instituciones especializadas en medición de la opinión pública. Ni en las páginas amarillas es posible formarse una idea aproximada de las encuestadoras que periódica o circunstancialmente realizan esos sondeos, los cuales se multiplican en épocas como estas, y se disparan para las elecciones regionales.

La situación se complica porque no hay ningún mecanismo de control de calidad, de manera que junto a las serias proliferan las chimbas. Y a veces no es fácil distinguirlas. El CSE, y después el CNE, estudiaron reglamentos que permitieran algún tipo de control, pero resultaron baldíos esos esfuerzos.

En varias ocasiones escribí sobre ese problema; unas veces en Elite, otras en El Mundo:

“No puede ser que siempre en estas épocas las encuestas ofrezcan resultados tan contradictorios, que confunden a los electores”, y en 1998 ofrecí ejemplo de avisos de Salas Romer con encuestas de Datanálisis y Mercanálisis que lo acercaban a Chávez, y avisos de éste, con encuestas que le daban una amplia ventaja. No podían ser ciertos los resultados de los dos avisos, como se evidenció en las elecciones.

Existen normas universales de la Asociación Mundial de Encuestas de Opinión (Wapor) y sus similares de EEUU y de Europa, que si se aplicaran aquí, pondrían en entredicho a muchas de las encuestadoras y se engañaría menos a la gente.

No exagero si les digo que desde 1954, cuando fue fundada Datos, más de cien empresas de investigación de opinión han operado en Venezuela, muchas aparecen y desaparecen en menos de un año, no tienen registro mercantil ni están en la guía telefónica.

Les voy a ofrecer algunas muestras de la inconsistencia de los sondeos:

Cuando estaba por definirse la candidatura de Copei, en 1987, los aspirantes contrataron sus encuestas, que les dieron los resultados que cada uno quería. En Issue ganaba Eduardo Fernández (41% ), Rafael Caldera (33% ), mientras la Gaither decía lo contrario: Caldera 49%, Fernández 30% .

En esas de 1988, Pérez ganó con 54,6% frente a 41,7% de Fernández. ¿Qué habían dicho las encuestadoras? Casi todas dieron a Pérez, pero algunas bastante lejos de lo sucedido.

Issue veía una diferencia de apenas 7% (700 mil votos) a favor de CAP pero Gallup la elevó a 25% . (¡¡¡2.500.000!!!). Mercanálisis fue la única que acertó (54% a 40% ), pero se cayó en sus mediciones sobre los partidos:

AD obtendría 26% y sacó 44%, Copei 17% y obtuvo 31,4%, y el MAS 18% y llegó a 10% . En esos meses escribí varias veces en Elite sobre el tema, entre ellos el análisis “El desprestigio de las encuestas” (17-5-88) y el comentario “Encuestas chimbas” (6-12-88).

Veamos lo que ocurrió con las de 1993. Con porcentajes que oscilaron entre 30% y 38% la mayoría vio ganador a Caldera (sacó 30,46% ), y relegaron a Claudio Fermín al último, entre6% y 11% . Se equivocaron todas, porque Claudio obtuvo 23,60% para el segundo lugar. Lo comenté oportunamente y ninguna quiso explicar su fracaso.

“No valen medio”, refiriéndose a las encuestas, dijo Salas Romer en septiembre de 1997. Consultores 21 lo había bajado del 10 al 6%, y como Mercanálisis lo subió del 4 al 13% (nov.97), yo escribí (15-dic-97): “Se supone que esa no es de las encuestas que valen medio, ésta debió costar un billete grande”.

En al auditorio de la Electricidad de Caracas, el 2 de diciembre de 1998 se reunieron decenas de empresarios que financiaban la encuesta para escuchar los resultados. Fernández Nays en El Universal cuenta que los expositores lucieron “tan inciertos como cualquier incauto votante y sin cortapisas se atrevieron a sentenciar que “no tienen ni la más remota idea de quién ganará”.

¿A que no adivinan quienes eran los expositores?

Antonio Gil Yépez y Luis Vicente León, de Datánalisis, que apenas cinco días antes de la votación no sospechaban que Chávez ganaría con una ventaja de un millón.

Las regionales de 1998 también fueron escenario para fracasos.

Vean si no. Datanálisis y Mercanálisis (51 a 39% ) dieron ganador a Rosales en Zulia, (ganó Arias) ; Datanálisis a Rosales Peña (52% ) en Barinas sobre Chávez (33% ), y hasta se equivocaron en sus aciertos:

Consultores 21,59% a Mendoza y 21,6% a Gruber, la votación fue 46% a 29% ; Mercanálisis a Fucho Tovar 59% sobre Eddy Medina 23%, pero la votación fue 45% a 42% . En fin.

En el 2000 la mayoría ofreció resultados donde Chávez vencía a Arias Cárdenas, pero quiero destacar algunas diferencias.

En abril-mayo, mientras Consultores 21, Datanálisis e Ivad le daban más del 50% a Chávez, y entre el 28 y el 33 a Arias, en la zona metropolitana, donde es mayor la fuerza chavista, Mercanálisis le asignaba 48% frente al 46% a Arias. Ahí ahí.

Elecciones de la CTV por la base hubo a fines de 2001. “Estudios y Organización Eugenio Escuela” salió a la calle para medir las preferencias. ¿Saben quién las encabezó? Pablo Medina con 20,75%, mientras Carlos Ortega estaba en el puesto N° 8 con apenas 4,12%

En junio de 2004, Consultores 21 tenía 18% a Borges y 20% a Salas Romer, mientras en Datos eran 22 y 26% respectivamente, y Mercanálisis los tiró al fondo: 9 y 8%, aunque coincidía en 20-22% a Mendoza.

Si el electorado es de 12 millones, el 10% son 1.200.000 electores.

Vean como según Mercanálisis la estimación para Salas R es de 900.000 votos mientras C21 le estiman 2.400 000 y Datos 3.110.000 respectivamente. Igual ocurre con Borges.

Tiene 9% según Mercanálisis, 22% Datos y 18% en C21. ¿Cuál dice la verdad? Una investigación casi imposible permitiría concluir en que en los miles de resultados ofrecidos entre 1968 y 2001, por centenares de encuestadoras nacionales y regionales, la mayoría han sido fracasos. Como las metemos a todas en un mismo saco, no sabemos separar las que se equivocan por la falta de rigor en la aplicación de la metodología, y las que sencillamente elaboran sus resultados en laboratorios para que fuese utilizados por algún candidato o partido, que para eso les pagan. Esta situación subsistirá hasta que de un lado, los medios sean exigentes a la hora de difundir los resultados, y del otro, se establezca algún tipo de control de calidad.

TRANSPARENCIA
Parece que se les pasó la mano a los rectores del CNE en la elaboración de las normas que regirán el trabajo de los observadores extranjeros, que vendrán a montones.

Está bien ser celosos para que no se produzcan opiniones que puedan ser vistas como intervención en los asuntos internos, nada más lógico, pero está mal que esas reglas sean tan rígidas que les controlen hasta el mínimo paso que den en Venezuela en esos días. Como su presencia debe contribuir a la imagen de transparencia del proceso, nadie debía estar más interesado que el CNE en que la observación se cumpla cabalmente.

 
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